miércoles, 26 de noviembre de 2008

Lección 1: Las apariencias engañan

Ayer, después de aparcar y estirar un poco me dispuse a correr un rato.

Cuando llevaba algo menos de 2 minutos corriendo me cruzo con un grupo de veteranos entre los que distingo al ex-entrenador de Emilio de fútbol sala, así que cambio el sentido de mi carrera y me uno a ese grupito de 8. Ninguno de ellos parecía ajustarse al prototipo de corredor habitual, por lo que yo tampoco desentonaba demasiado.

A los 5 kilómetros aproximadamente, cuando empieza la cuesta arriba, el grupo se divide y yo me quedo en cabeza con una mujer de 50 tacos, bajita y con algo de sobrepeso. Para romper el hielo la digo que tal vez me apunte a la Media Maratón de Santa Pola, a lo que me responde que está muy bien organizada, que ella ya la ha corrido 4 veces, siendo su mejor marca 1h 40m!!!!!!, y que después corrió la maratón de París en 3h59m!!!!!!!!!.

A todo esto ibamos aumentando el ritmo poco a poco y ya me llevaba a menos de 4:40 el km, eso sí, la tía no paraba de hablar. A mi, en cambio, cada vez me costaba más vocalizar, por lo que me decidí a emplear únicamente monosílabos y a sonreir para que no se me notara el esfuerzo y así la gente que nos viera, pensara que era yo el que iba sobrado de fuerzas.

Al resto del grupo ya ni los vemos desde hace rato, y cuando llegamos a la pista de atletismo me doy cuenta de que he corrido durante más de una hora a un ritmo bastante mejor de lo que lo hago habitualmente y que encima he refrescado una valiosísima lección: No hay que fiarse de las apariencias (ni para bien, ni para mal).

1 comentario:

Javier dijo...

El día 06 se acerca. Ya nos apuntanmos. Nos querían cobrar más porque según la chica somos "internacionales". Yo usé argumentos legales referentes a nuestro status de residentes. No sirvieron. Todo se arregló cuando a Xavi se le ocurrió decir "pero oiga eso de cobrar más a los internacionales va pensado para los keniatas que se llevan todos los premios. ¿ Verdad que nosotros no tenemos pinta de keniatas ?". La contundencia del argumento hizo que la jefecilla dijera "déjeme checar". Volvió y dijo "órale cóbrales como nacionales". Ya hemos ganado nuestra primera batalla y aún no ha empezado la carrera.